“Hay que aprender a enfrentar la incertidumbre puesto que vivimos una época cambiante donde los valores son ambivalentes, donde todo esta ligado”.
-Edgar Morin-
Desde la irrupción de la sociedad del conocimiento en la década del ’60 el mundo y la cultura empezaron a utilizar la información para construir y aplicar el conocimiento para el desarrollo humano en todos los aspectos de la vida. A fines de la década del ’80 con el fin de la Guerra Fría, se introdujo el término “V.U.C.A. World” dicho acrónimo en inglés afirmaba que el mundo se había vuelto volátil (volatile), incierto (uncertain), complejo (complex) y ambiguo (ambiguous).
Para situarnos en este mundo complejo, el filósofo Edgar Morin, nos iluminó con el pensamiento complejo o paradigma de la complejidad en el que, en resumidas cuentas, nos invita a abrazar el entramado de hechos, interacciones, retroalimentaciones, interpretaciones, perspectivas, azares y tendencias interconectadas de los fenómenos de los que somos parte.
En esta red en la que hoy nos hallamos inmersos una tarea fundamental para los seres humanos es descubrir quiénes somos y para qué estamos en este mundo, es decir, identidad y propósito, que van de la mano, se transforman en la brújula o, en términos más digitales, en el GPS que nos guiará a través de los avatares de una sociedad globalizada e interconectada donde lo único estable es el cambio.